arquitectura arco de piedraarco de piedra twitterarco de piedra facebook

CIUDADES Y PUEBLOS. Las ruinas de la ciudad romana de Cáparra, Cáceres

____
____
mapa españaindicearquitectura lineaarquitectura flechaarquitectura populararquitectura linea

Valid Robots.txt

arquitectura linea

© el propietario del dominio elarcodepiedra.es                             contacto     aviso legal

arquitectura verticalarquitectura verticalciudadesarquitectura civilarquitectura militararquitectura auxiliarcaminosarquitectura populararquitectura religiosawebslibrostemasarquitecturaarco caparra caceres ruta platacaparra caceres ruinas termasarco caparra caceresarco caparra caceres bovedacaparra cacerescaparra caceres aljiberuinas caparra caceres termasruinas caparra caceres termascaparra caldarium hipocastumcaparra caceres termascaparra caceres viviendascaparra caceres insulaeruinas caparra caceres carduscaparra caceres foro basilicacaparra caceres calzada decumanusarco caparra caceresarco caparra caceres terapylonarco caparra caceresarco caparra cacerescaparra caceres muralla bastioncaparra caceres muralla bastioncaparra caceres romanacaparra caceres muralla bastion

Los restos de la ciudad se encuentran en un despoblado rodeado de una gran riqueza agrícola. Salvo en los meses de verano, es una comarca muy húmeda.

La antigua ciudad de Cáparra, deshabitada tras la invasión musulmana y objeto hoy de prospecciones arquelógicas, pertenecía a la provincia romana de Lusitania, dentro del Conventus Iuridicus Emeritensis, con capital en la Colonia Augusta Emérita, de la que la separaba una distancia de 110 millas según el Itinerario de Antonino.

Situada en la comarca del valle del río Alagón, entre los términos de Oliva de Plasencia y Guijo de Granadilla, en el norte de la actual provincia de Cáceres, está atravesada por la calzada romana denominada “de la Plata” (iter ab Emerita Asturican)  siendo ésta uno de los dos ejes principales de su trama urbana ortogonal: el decumanus maximus.

Se discute su posible origen prerromano, ya que su emplazamiento en un apenas elevado promontorio sobre el terreno prácticamente llano de la vega del río Ambroz no reúne las condiciones defensivas habituales en un poblado anterior a la colonización romana. Sin embargo, se han encontrado restos cerámicos que hacen mantener esa suposición. Su nombre no es de origen latino, sino prerromano, probablemente vetón, y podría significar lugar de intercambio, trueque o mercado, ya que la situación del asentamiento es un cruce de caminos, hacia el valle del Jerte y en el sentido de la calzada, habiendo restos de pontones y puentes romanos en sus cercanías. En cualquier caso, la fundación romana se hizo como un asentamiento de nueva planta que no respetó la trama o construcciones que pudieran haber existido anteriormente. Probablemente comenzó siendo una mansio al servicio de la Ruta de la Plata levantada en las cercanías de un núcleo indígena o directamente sobre él.

Situada el la Ruta de la Plata, que era su decumanus, la ciudad romana se organizaba en torno al arco que aún hoy perdura en su cruce con el cardus.

Excavación correspondiente a las termas públicas de la ciudad, situadas al lado del arco y de la calzada romana de la Plata.

Detalle de la bóveda de arista de formada por la intersección de los cuatro arcos que componen al tetrapylum o arco cuadriforme.

El Arco de Cáparra, símbolo de la ciudad y única construcción que permanece en pie de lo que fue una ciudad romana relativamente importante.

Las ruinas de la ciudad amurallada ocupan aproximadamente 16 ha. Sin embargo es muy posible que la población rebasara dicho perímetro y su extensión fuera mucho mayor, pues se la consideraba de una importancia similar a la de los principales núcleos urbanos situados entre el río Tajo y la Sierra de Gredos, como Caurium (Coria), Augustóbriga (Talavera la Vieja) o Egitania (Idanha-a-Velha).

La existencia de Cáparra está documentada desde la antigüedad. Ptolomeo habla de ella como parte del territorio de los vetones, aunque otros historiadores, entre ellos, Plinio, lo hacen dentro del de los lusitanos, por lo que se pudiera ser que la ciudad estuviera en el límite entre ambos pueblos. Ya a principios del siglo I d.C., la ciudad se protegió con una muralla que sería reforzada alrededor del siglo IV.

Con el Edicto de Latinidad dado por el emperador Vespasiano en el año 74 d.C. para las provincias hispanas, Cáparra se convirtió en municipio de derecho latino, adquiriendo sus habitantes la ciudadanía romana, dando lugar a un período de desarrollo urbano del que quedan numerosos restos, incluido su arco. A esta época pertenecen las modificaciones realizadas en el foro y otras áreas y la instalación de la curia y la basílica en espacios que anteriormente cumplían otras funciones. Dentro de este período de ornamentación urbana, se observan dos fases. Una inicial, realizada con granito, dentro que la que se incluyen la construcción del tetrapylum o del nymphaeum; y una posterior, ya en el siglo II, en la que se utilizó el mármol y en la que se incluiría la conversión del espacio porticado en una galería local de summi viri con pedestales y estatuas.

Restos de las termas públicas de la ciudad, fotografiadas desde el cardus. Se trata de un edificio de planta cuadrada de alrededor de 35 m de lado.

Imagen de un aljibe de las termas, con restos del revoco que lo impermeabilizaba y de varios fustes de columnas en su interior.

Núcleo central de las termas, con restos de sus muros, salas de baño. A la izquierda se encuentra la palestra, zona descubierta utilizada para hacer ejercicios.

Al fondo, tras el arco, se encuentra el foro de la ciudad, cruzada la calzada de la Plata; a la derecha, las termas. Imagen tomada desde el cardus de Cáparra.

Con la caída del imperio, la ciudad sufrió una crisis que se intensificó en la Alta Edad Media, comenzando a despoblarse. No hay noticias sobre ella en época visigoda. Su abandono se acentuó con la invasión musulmana, como resultado de la pérdida de interés de este enclave por la situación geográfica en la línea fronteriza cristiana/musulmana o porque la Vía de la Plata dejó de ser transitada por factores político-militares.

Tampoco hay indicios de repoblación una vez que, siglos más tarde, su territorio fuera reconquistado por los cristianos. Durante el Renacimiento, dentro del interés general hacia lo clásico, se menciona a Cáparra en un texto de Accursio de 1527, junto a un dibujo de su arco en el que se puede apreciar que su estado era similar al actual. Por aquel entonces, había una venta del camino para uso de viajeros que perduró hasta principios del siglo XX con el nombre de Ventas de Cáparra, tratándose siempre como un despoblado. A lo largo de todo ese período ha habido numerosas descripciones y estudios realizados por estudiosos que lo visitaron.

Fotografía del caldarium de las termas, bajo cuyo suelo se hallaba y aún se ve el hipocastum, cámara por la que circulaba aire caliente generado en hornos. 

Dependencias anexas a las termas. Obsérvense los escalones realizados para sentarse, probablemente correspondientes a un baño o a una sauna.

Zona de las excavaciones correspondiente a una insulae o edificio de viviendas donde se alojaban los ciudadanos que no podían tener una casa particular.

La zona descrita en la fotografía izquierda, con los restos del arco y de las termas públicas, cruzado el cardus, al fondo.

Restos del pavimento de la calzada romana que cruzaba la ciudad formando su decumanus maximus y de las construcciones que había a su lado.

Zona del Foro.  Restos de la Basílica. Aediculum, tribunal en la galería que definía el edificio. Apenas quedan los basamentos.

Las primeras excavaciones del yacimiento se realizaron en 1929 en dos campañas durante las que se descubrieron los restos del llamado templo de Júpiter, por la inscripción allí encontrada, y tres necrópolis. También pudo delimitar la ciudad y realizar un primer plano de la ciudad en el que localizó el arco, el templo de Júpiter, el anfiteatro, el embalse y diversas viviendas.

Los trabajos arqueológicos no volvieron a realizarse hasta la década de los años sesenta, centrándose en el anfiteatro y en los edificios cercanos al arco. A partir de 1988, año en que los terrenos fueron adquiridos por la Diputación de Cáceres, la Universidad de Extremadura realizó varias campañas de prospección. Desde 2001, una nueva serie de excavaciones ha permitido conocer las termas públicas frente al foro, un área doméstica, las tabernae, la puerta sureste, de la que partía el cardus maximus, el anfiteatro y un tramo de la vía romana en su trayecto urbano.

El tetrapylon visto desde el foro. Bajo él se cruzaban las dos vías principales de la ciudad y servía de acceso al foro.

Detalle de la bóveda con las reparaciones de principios del siglo XX, sobre ésta se aprecia el coronamiento de opus caementicium.

Uno de los pilares del tetrapylon en su encuentro con la bóveda de arista.

Restos de la puerta sureste de la ciudad, defendida por dos bastiones defensivos semicirculares a los que se adosaba la muralla.

Puerta sureste. Detalle de la base de la muralla adosada al bastión semicircular situado a la izquierda de la puerta, reforzada en el siglo IV.

Puerta sureste. Restos de los dos bastiones que la protegían y de la zona de acceso, de alrededor de 4 m de ancho.

Los prados que rodean los restos de Cáparra, vistos desde la vía de la Plata. Tras las montañas que se ven al fondo se encuentra el valle del Jerte.

El arco de Cáparra.

Es la construcción más importante de las que se han conservado. Se trata de un arco cuadriforme, un tetrapylum, único en España de sus características. De carácter ornamental y simbólico más que funcional, se emplazó en el centro de la población, y es muy probable que en él confluyeran el Cardo y el Decumano, las dos calles principales de la ciudad. Está rodeado por el Foro y los baños públicos, además de por otras construcciones relevantes.

El monumento se encuentra bien documentado, gracias a las inscripciones que hay en él y que lo fechan en la época Flavia, a finales del siglo I de nuestra era, además de relacionarlo con Fidius Macer, personaje relevante de la ciudad, como la persona que lo mandó erigir.

Sus dimensiones en planta son de 8,60 m por 7,35 m; su altura original se estima en 13,30 m. La construcción se eleva sobre cuatro pilares realizados con sillares de granito y núcleo de opus caementicium que soportan cuatro arcos de medio punto adornados con una moldura en su trasdós, enfrentados dos a dos y cuya intersección conforma una bóveda de arista que sostiene un ático, la zona más deteriorada actualmente (se aprecia en las fotos su núcleo de hormigón). Cada pilar se asienta sobre un basamento rematado por una cornisa. Los alzados al decumanus disponen de dos pedestales adosados que, en su momento, sirvieron de base a esculturas hoy perdidas, posiblemente retratos ecuestres dadas sus dimensiones.

Detalle de uno de los basamentos de los pilares del arco.

Las termas públicas.

Las termas públicas de Cáparra se localizan junto al decumanus y el arco. Se comenzaron a construir en la época Flavia. Se trata de un edificio de planta prácticamente cuadrada, de alrededor de 35 m de lado. La zona de los baño está situada en su centro, rodeada por el resto dependencias que forman el conjunto termal. Por el lado sur está la Palestra, y por el lado norte hay varias tabernae, posiblemente almacenes de leña u oficinas administrativas. Tenía su acceso por el lado suroeste, en una calles paralela al cardus.

El foro.

Se encontraba al norte del decumanus y se accedía a él a través del tetrapylum y de otras dos entradas. Su planta es rectangular, con una plaza en su centro de 66 x 31 m, rodeada por los principales edificios públicos: la basílica, a la izquierda; la curia, a la derecha; y tres templos, situados al fondo. Era el espacio principal de Cáparra en la época imperial. Se sabe, por las inscripciones encontradas, que en el siglo III aún se mantenía la actividad municipal. Sin embargo, a finales de dicho siglo y comienzos del siglo IV se encuentran restos que indican una privatización de las áreas públicas de la ciudad consecuencia de su declive. En el foro quedan restos de un horno que bien pudo ser utilizado para fundir elementos de bronce o para convertir los mármoles en cal. También hay resto de cimentaciones de edificios que no mantienen la trama de las edificaciones imperiales, evidenciando el estado ruinoso de éstas  

Bibliografía sobre Cáparra.

 

ALVARADO, M.; CERRILLO, E.; MOLANO, J.; CASTILLO, J.; FERNÁNDEZ, J. M. y ALONSO, A., “Las relaciones comerciales de Cáparra a través de su abastecimiento cerámico”, en Actas del XIV Congreso Internacional de Arqueología Clásica II. Comunicaciones, Tarragona, 1995, p. 100.

BLÁZQUEZ, J. M., “Cáparra”, Excavaciones Arqueológicas en España, n.º 34, Madrid, 1965.

BLÁZQUEZ, J. M., “Cáparra II”, Excavaciones Arqueológicas en España, n.º 54, Madrid, 1966.

BLÁZQUEZ, J. M., “Cáparra III”, Excavaciones Arqueológicas en España, n.º 67, Madrid, 1968.

CERRILLO, E., “Cáparra después de los romanos. Historia de una despoblación”, Norba, 10, 1989-90, pp. 109-129.

CERRILLO, E., “Cáparra”, en Arqueología y Leyenda de las ciudades prerromanas, II, Madrid, 1994, p. 149.

CERRILLO, E., “El anfiteatro de Cáparra”, en Actas del Coloquio Internacional El Anfiteatro en la Hispania Romana, Mérida, 1995, pp. 311-326.

CERRILLO, E., “Un viaje por el valle del Ambroz como antiguo territorio y camino de los romanos”, en Las Tierras de Granadilla. Desde las Hurdes al Valle del Ambroz, Cáceres, 1998.

CERRILLO, E., “Forum municipii flavii caparensis”, Empùries, 51, 1998, pp. 77-92.

CERRILLO, E., “Cáparra. Municipio romano”, en Sociedad y Cultura en Lusitania romana. Actas de la IV Mesa Redonda Internacional, Mérida, 2000, pp. 155-164.

CERRILLO, E. y Herrera, G., “Guía de Cáparra”, Mérida, 1992.

CERRILLO E.; ALVARADO, M.; MOLANO, J. y CASTILLO, J., “Excavaciones en el foro de Cáparra. La Curia”, en Homenaje a M. Gil-Mascarell Boscá, Extremadura Arqueológica V, Mérida, 1996, pp. 195-209.

CERRILLO, E.; BEJARANO, A. y GÓMEZ, C. J., “Proyecto de excavación, consolidación y adecuación del yacimiento de Cáparra y la Granjuela, y la construcción de un centro de Interpretación”, Mérida. Ciudad y Patrimonio 4, 2000, pp. 137-141.

FLORIANO, A. C., “Excavaciones en la antigua Caparra (Cáparra, Cáceres)”, Archivo Español de Arqueología, XVII, n.º 56, 1944, pp.270-286, especialmente p. 273.

GARCÍA Y BELLIDO, A., “El tetrapylon de Capera (Caparra, Cáceres)”, Archivo Español de Arqueología, 45-47, 1972-74, pp. 45-90.

GONZÁLEZ HERRERO, M., “M. FIDIUS Fidi f. QUIR(INA) MACER, benefactor en Capera”, Gerión, 20, 2001.

NÜNNERICH-ASMUS, A., “El arco cuadrifronte de Cáparra (Cáceres). Un estudio sobre la arquitectura flavia en la Península Ibérica”, Anejos de Archivo Español de Arqueología, XVI, Madrid, 1996.

RÍO-MIRANDA ALCÓN, J., “La ciudad romana de Cáparra”. Municipium Flavium Caparense, Cáceres, pp.15-340, 2011

RÍO-MIRANDA ALCÓN, J., “La ciudad romana de Cáparra”. La Cerámica, Cáceres, 2012.

ROLDÁN HERVÁS, J. M., Iter ab Emerita Asturicam, El camino de la Plata, Salamanca, 1971.

Redactado el viernes, 19 de abril de 2.013

arquitectura lineaarquitectura tradicionalarquitectura popular