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ARQUITECTURA RELIGIOSA. La bóveda plana del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid

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Una bóveda de gran interés del siglo XVI es la bóveda plana que forma el suelo del coro de la basílica del Monasterio del Escorial. La bóveda, de planta circular, fue rediseñada por Juan de Herrera durante la construcción del edificio para resolver el problema originado por la decisión del rey Felipe II de duplicar el número de monjes inicialmente previsto y la consiguiente necesidad de que las superficies de muchas dependencias destinadas a su uso crecieran proporcionalmente.

El coro alto, situado a los pies de la basílica, fue uno de los espacios que necesitaron un tamaño mayor que el proyectado originalmente. Además, para permitir que todos los monjes pudieran seguir las ceremonias viendo el altar mayor, se tuvieron que replantear todas las cotas del templo, subiendo la altura del suelo altar mayor y bajando la del coro.

Mientras que elevar el nivel del altar fue relativamente sencillo, bajar la cota del coro conllevaba disminuir la altura libre de su espacio inferior, el sotacoro, por lo que hubo que reducir necesariamente el espesor del suelo del primero. La bóveda inicialmente prevista, que según se puede apreciar en diseños preliminares era de mayor altura y sección, tuvo que ser modificada para lograr ceñir su grosor al mínimo posible.

Considerando todas estas circunstancias y adoptando una solución acorde al diseño del resto del templo, Herrera optó por la construcción de una bóveda plana de planta circular (solución ya utilizada en la zona sur del monasterio, bajo el coro de la iglesia provisional donde quería vivir el rey), con la que consiguió el máximo de altura posible en el sotacoro gracias a un espesor de la bóveda de apenas un pie (24 centímetros). El arco empleado como generatriz de la bóveda es tan rebajado que, en la práctica, se trata de un arco adintelado. Antes de El Escorial, no hay constancia de que se hubiera ejecutado este tipo de solución estructural.

La bóveda plana antes citada, realizada en la zona sur del monasterio, se encuentra inscrita en un espacio cuadrado, siendo similar a la del sotacoro pero de labra más tosca, y tuvo que ser apeada al poco tiempo de su construcción mediante cuatro arcos que apoyan sobre los muros perimetrales y un pilar central debido, posiblemente, a la aparición de deformaciones en la misma.

Vista desde su parte inferior, se comprueba que la bóveda del sotacoro está formada por siete anillos compuestos por dovelas de granito de sección transversal plana que tienen como centro un círculo hecho por dos sillares iguales entre sí y separados por una junta diametral. El ancho de cada anillo es de alrededor de cuarenta centímetros, mientras que el diámetro de la circunferencia central es de ochenta centímetros. La bóveda cubre una luz algo superior a los seis metros y medio.

La bóveda, desde el sotacoro de la basílica. Se observan los siete anillos concéntricos que rodean a la clave central.

Planta de los pies de la basílica con la posición de la bóveda plana (4)  El pórtico abierto de la fachada de la iglesia hacia el Patio de los Reyes también se indica con el mismo número, si bien su posición en el plano es inferior.  Los patinejos laterales (41, 42) y las torres (50, DD), también aparecen.  Las gruesas secciones de los muros alrededor de la bóveda sirven, entre otras cosas, para resistir los empujes horizontales de ésta.

Fachada de la basílica hacia el Patio de los Reyes, con los cinco arcos que abren su pórtico hacia el exterior y las cuatro ventanas que iluminan el coro alto, situado inmediatamente detrás de la fachada a la que dan espalda las figuras de los reyes.

El coro alto de la iglesia, visto desde los pasillos laterales que bordean su perímetro superior. El suelo de su zona central se corresponde con la bóveda plana.

La bóveda de cañón que cubre el coro alto, con la representación de la Gloria.

Vista parcial del sotacoro, con los primeros pilares sobre los que descansa la bóveda plana y las pequeñas bóvedas rebajadas que, entre otras cosas,  transmiten sus empujes horizontales a los muros de mayor grosor que encajonan al conjunto desde los patinejos o el nártex.

La bóveda plana descansa sobre cuatro arcos rebajados, de mayor espesor, y unas suaves pechinas que van hasta las esquinas del arranque de los pilares desde la cara exterior del séptimo anillo de dovelas.  Construida de fuera hacia adentro, cada vez que se concluía uno de los siete anillos y sus sillares entraban en carga, el conjunto se equilibraba, permaneciendo estable sin necesidad de que se realizaran los anillos interiores. La bóveda de la cripta de la Catedral de Cádiz, también plana y de mayor tamaño, no tiene clave en su centro.

Tratándose de una bóveda plana y de tan escaso espesor, la línea de empujes que hace que se mantenga en equilibrio es prácticamente tangente al extradós de su sección central, concentrándose en la zona superior del área central de la bóveda fuerzas con una gran componente horizontal. Lo mismo, pero al revés, pasa en los anillos más alejados del centro, en los que la línea de empujes se acerca hasta su intradós o parte inferior con fuerzas en gran parte horizontales. De una manera similar funcionaría un arco adintelado. Lo dicho se comprueba en parte al observar que el mortero que rellena las juntas inferiores del centro de la bóveda suele estar desprendido, ya que por ese punto no puede pasar ningún esfuerzo.

En este caso, al tratarse de una bóveda y contar con una dimensión más que en el supuesto de estudiar un arco, Juan de Herrera utilizó los anillos a modo de cuña de cada una de la dovelas que compondrían el hipotético arco adintelado, de tal manera que cada anillo (funcionando a modo de arco tumbado de 360º de desarrollo) es capaz de mantener la tensión necesaria para que la bóveda permanezca el equilibrio. Para ello, los ángulos de corte de la piedra debe ser calculados de tal manera que eviten, en el caso de retirar parte de los anillos interiores, que las dovelas del primer anillo que quede hacia el óculo interior se desplacen hacia arriba al mantener los empujes radiales que equilibran al resto de la bóveda.

Esos empujes radiales serían absorbidos por el anillo más interior, transformándose dentro de éste en líneas de empuje que, siguiendo ahora la sección del anillo (perpendicular al empuje radial que resiste),  se resolverían como las de cualquier otro arco de medio punto, salvo que éste se encuentra en posición horizontal y con un desarrollo de 360º en vez de 180º de un arco normal, haciendo al conjunto estable.

O dicho al revés, la bóveda se pudo haber construido sin necesidad de utilizar cimbras, ya que dado el funcionamiento antes expuesto, en el que cada uno de los anillos que se completa mantiene en equilibrio a todo el conjunto, bastaría con haber ido sujetando las dovelas que componen cada uno de los anillos mientras la bóveda se construía de fuera hacia adentro. Una vez cerrado el anillo, y a pesar de no estar concluido el centro, lo ejecutado era estable.

El equilibrio de la bóveda se basa, pues, en el sistema expuesto. No hay que buscar cortes especialmente complejos ni con formas extrañas. Para que el esquema sea efectivo es lógico suponer que la talla de cada una de las dovelas debe de estar muy bien ejecutada, con caras de encuentro perfectamente lisas que impidan por un lado holguras que implicarían un descenso de la estructura o irregularidades que den lugar a puntos de concentración de tensiones que puedan terminar por fracturar las piedra. Así mismo, una optimización del número de anillos lograría un menor número de encuentros. Es evidente que el uso de mortero en las juntas fue prácticamente testimonial.

Posiblemente la primera de las dos bóvedas ejecutadas, la de la zona sur del monasterio, tuvo problemas de deformaciones a causa de haber sido labrada con menor cuidado y contar con un mayor número de anillos y juntas. Una vez descimbrada el mortero de regularización empleado no fue capaz de soportar el esfuerzo de compresión a que fue solicitado y la bóveda se deformó hundiéndose en su centro hasta encontrar el equilibrio (no consta que llegara a caer) y, por motivos de seguridad, fue acuñada y apeada con los arcos y el pilar que hoy se encuentran bajo ella.

Volviendo a la bóveda del sotacoro, los considerables empujes horizontales que da lugar son contrarrestados mediante un dimensionado suficiente de los muros en que apoya. Por ese motivo, las bóvedas planas siempre se encuentran “encajonadas” en zonas con muros de gran sección o que resisten pesos superiores y capaces de centrar las líneas de carga transmitidas por éstas manteniendo el equilibrio. Todo ello, con unas tensiones perfectamente asumibles por el material empleado

Arriba, detalle del centro de la bóveda, con su clave central compuesta de dos dovelas simétricas. Se puede apreciar que parte de las juntas se han desprendido. A la derecha, la bóveda plana de la zona sur del monasterio, apeada con cuatro arcos. Su labra es más tosca y cuenta con más anillos y juntas, lo que probablemente provocó un descenso en su centro que hizo aconsejable el refuerzo.

Redactado el miércoles, 22 de agosto de 2.012

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