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ARQUITECTURA RELIGIOSA. Los problemas de la estructura de la iglesia de San Martín. Salamanca

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La Plaza del Corrillo y la Puerta del Obispo de la Iglesia de San Martín, vistas desde los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca.

La iglesia románica de San Martín de Tours es uno de los templos más antiguos de la ciudad. Vinculada a la repoblación medieval de Salamanca, fue levantada en el siglo XII por Martín Fernández en el barrio de los toresanos, sobre el solar que ocupaba una antigua ermita dedicada a San Pedro. Se encuentra en la Plaza del Corrillo, encajada entre otras edificaciones de la manzana adosada a la crujía sur de la Plaza Mayor. De hecho, ésta última se edificó sobre una explanada conocida ya en 1173 como la plaza o el mercado de San Martín, ya que los puestos de los mercaderes se situaban en torno a la iglesia. Durante la Edad Media su pórtico se utilizó para albergar las reuniones del Concejo. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1931.

Es una iglesia de tres naves con cuatro tramos cada una y triple ábside semicircular, no visible desde el exterior al estar rodeada de edificios, tal y como se ha dicho antes. Las naves laterales son más estrechas y más bajas, mientras que la central es más alta y ancha. Cada uno de los ábsides cuenta con un espacio previo recto, más largo en el caso del central. Carece de crucero. Los pilares son cruciformes, con columnas adosadas. En los pies de la iglesia se construyó un coro de estilo isabelino en el siglo XVI, al que se accede por una escalera renacentista.

Cuenta con dos accesos. En su alzado septentrional hay una portada románica sobre una escalinata, conocida como Puerta del Obispo, que abre a la Plaza del Corrillo en la zona en que ésta se comunica por medio de un arco con la Plaza Mayor. Decorada con arquivoltas, sobre su arco hay un relieve con la escena de San Martín compartiendo su túnica con un pobre.

La Puerta del Obispo, única de la tres originales que se conserva en uso, vista desde la Plaza del Corrillo en su zona adyacente a la Plaza Mayor.

Antigua zona de fachada oeste del templo, con el ventanal barroco que cierra el camarín construido en la hoy semioculta Puerta de Poniente.

Cubiertas realizadas durante la obra del camarín. Aproximadamente, la fachada original estaba bajo el arco apuntado que se ve en esta imagen y en la anterior.

Puerta renacentista del Mediodía, acceso desde la calle Quintana. El cuerpo de la portada está adelantado varios metros respecto a la puerta original.

Los movimientos de la estructura han hecho que las dovelas del arco se desplacen y partan, además de que la clave caiga varios centímetros.

Detalle del lado derecho.

Espadaña de la iglesia, sobre el muro de fachada de la antigua Puerta del Mediodía, vista desde la Rúa Mayor.

Nave central de la iglesia, con el presbiterio y el ábside principal al fondo. El presbiterio se cubre con una bóveda de cañón apuntada.

Las dos bóvedas más cercanas al altar se reconstruyeron a más altura con materiales más ligeros y se enyesaron, pintándose la plementería y los nervios.

Coro gótico, construido a los pies de la iglesia, bajo las bóvedas de cañón apuntadas con arcos fajones, a principios del siglo XVI.

Bóveda del sotacoro, de tracería gótica. La puerta del camarín es la antigua puerta románica, modificada, de la fachada oeste.

Nave del Evangelio, entrada correspondiente a la Puerta del Obispo. Pérdida de algunas piezas de la plementería de la bóveda.

El mismo ábside, desde una posición en que se aprecian mejor las deformaciones de su muro izquierdo por el empuje de la bóveda.

Otra imagen más cercana a la zona afectada, con los pilares y muros abombados por el peso de las bóvedas. Varios enterramientos en arcosolio.

Nave del Evangelio (izquierda) Se aprecian con claridad las deformaciones estructurales en la zona más próxima al ábside.

Detalle de las deformaciones en la zona del ábside y espacios previos. Se puede observar cómo los mismos sillares del muro se han arqueado.

Detalles de las bóvedas que cubren el absidiolo izquierdo y la zona previa a éste, de horno y cañón apuntado respectivamente.

Bóveda del primer tramo del Evangelio, con el despiece anular de su plementería y la considerable diferencia de altura de su clave respecto a los arcos laterales.

La misma bóveda, al completo, con su clave girada por los movimientos de la estructura que han afectado a los elementos adyacentes, vista desde la nave central, junto a la bóveda de cañón apuntado y la bóveda de horno que cubre el ábside.

Nave de la Epístola. Sus muros y pilares están arqueados, con arcos y nervios deformados (principalmente el del primer tramo)

El ábside central y el lateral vistos desde la nave de la Epístola. El revoco que recubría la bóveda del ábside lateral se ha desprendido por deformaciones.

Bóvedas de la nave de la Epístola. Los tramos más cercanos al ábside son los que se encuentran más afectados.

Detalle de los daños en las bóvedas del lateral derecho, con pérdida de la forma original del arco y de la propia bóveda, a punto de funcionar como una bisagra y caer.

La Puerta del Mediodía, renacentista, permite la entrada desde la calle Quintana, fue construida en el año 1586 anteponiéndose a la original románica.

Originalmente los accesos eran tres, pero la que fue portada principal situada a los pies del templo, la Puerta de Poniente, fue reconvertida en 1669 en capilla camarín  dedicada a la Virgen, quedando dentro de ella,  donde puede todavía verse. Románica, policromada, esta portada daba a la plaza del Corrillo, en el lugar en que hoy hay un llamativo ventanal barroco.

La estructura y sus problemas.

Los ábsides se cubren con bóvedas de horno (un cuarto de esfera) ligeramente apuntadas, de una altura algo inferior a la de las bóvedas de cañón apuntado que las preceden cubriendo el espacio previo recto antes comentado. Las bóvedas que cubren las naves, a excepción de las que se corresponden con los dos tramos de la nave central más cercanos a los pies de la iglesia (también de cañón apuntado) ofrecen una particularidad que posiblemente sea el origen, junto a una evidente falta de dimensionado de los estribos (contrafuertes) exteriores. Dicha particularidad consiste en que, siendo aparentemente bóvedas de arista, la traza de los arcos de su perímetro no se corresponde con la sección central de la bóveda y la clave central de ésta, en la que se unen sus cuatro nervios, está considerablemente elevada respecto al punto central del perímetro en que apoyan, lo que las hace funcionar de una manera similar a una bóveda esférica apuntada en su centro y seccionada por los cuatro planos verticales correspondientes a las cuatro caras del cuadrado que cubren.

El hecho se ve agravado por la propia geometría de las piedras de la plementería de dichas bóvedas, dispuestas en gran parte de ellas formando circunferencias que tienen como centro la clave de cada bóveda (despiece anular) y transmiten también empujes horizontales a los muros y arcos en que se apoyan. De esta manera, los empujes que aparecen en ellas no son correctamente encauzados a los nervios y arcos que las sustentan, lo que ha ocasionado daños en el inmueble desde el mismo momento de su construcción. Así mismo, los muros perimetrales se han visto afectados en su resistencia por la ejecución de arcosolios para ubicar distintos enterramientos durante sus primeros siglos de vida.

El sistema adoptado para cubrir la iglesia impide que las cargas y empujes de las bóvedas se equilibren correctamente, resultando de todo ello unas deformaciones (que en varias ocasiones, a lo largo de la vida del templo, han terminado por colapsar parcialmente su estructura) que hacen de esta iglesia un caso singular, tal y como puede observarse en las fotografías que acompañan al artículo.

Los problemas de estabilidad han sido motivo de las numerosas intervenciones, añadidos y transformaciones de los que hay documentación desde sus inicios. Ya en el siglo XIII se tuvieron que realizar obras de consolidación y reforma ante los síntomas derivados del empuje de las bóvedas debido a su gran peso, puesto que afectaban a la estabilidad de pilares, muros y cubiertas. A principios del s. XVI se comenzó a construir el coro gótico de los pies antes citado y en 1586 se antepuso una nueva portada renacentista a la original románica de la calle Quintana. A mediados del siglo XVIII hubo un hundimiento de parte de las bóvedas de la nave central que fueron reconstruidas. En 1772, García de Quiñones sustituyó el resto de las bóvedas de la nave central, de cañón apuntado, por otras de ladrillo enyesado bastante más ligeras, además de otras intervenciones. En 1854 se tuvieron que renovar los dos tramos más cercanos a la cabecera de la nave central, tras un incendio que destruyó el retablo mayor.

A lo largo del siglo XX se han realizado diversas reformas en la iglesia que han intentado consolidar su estructura y los elementos figurativos externos. En 1958 se descubrió la portada oeste románica original durante la restauración de la capilla que se construyó en su lugar, aunque actualmente no se puede visitar. Poco después, en la década de 1960, se llevaron a cabo intervenciones en las bóvedas más afectadas y en la cubierta.

Bóveda del presbiterio del ábside central.

A pesar de estas intervenciones, el estado de la estructura sigue siendo el principal problema que afecta al templo, especialmente en el ábside y tramo recto de la nave de la Epístola y del Evangelio, en estas dos zonas se presentan las mayores deficiencias. Muros perimetrales alarmantemente abombados y fracturados, nervios y bóvedas arqueados y descuadrados en las naves y en ambos ábsides laterales, cuyos espacios previos se hayan también muy deformados; pérdida de material en la plementería de algunas bóvedas, humedades y filtraciones en varios puntos que hacen más graves los problemas; las deformaciones del conjunto estructural son tan evidentes que incluso afectan seriamente a las partes centrales del templo.

Los daños descritos no son visibles desde el exterior, debido a las viviendas que rodean el edificio, pero es evidente que éstas deben tener desplomes en sus zonas de contacto con la iglesia, ya que ésta se está apoyando parcialmente en ellas.  

La portada renacentista a la calle Quintana, construida entre 1582 y 1586, presenta un número considerable de deficiencias: pérdida de materiales, especialmente en el entablamento quebrado y en el remate del frontón superior, además de grietas por la desestructuración del conjunto

Redactado el jueves, 28 de marzo de 2.013

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