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ARQUITECTURA RELIGIOSA. Hoces del Duratón. Ermita románica de San Frutos, Sepúlveda, Segovia

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Monumento Nacional desde junio de 1931, la ermita se construyó en el siglo XII sobre una anterior, visigoda, del siglo VII, cuya fundación se atribuye a San Frutos (642 - 715), patrón de la provincia de Segovia, y sus hermanos, San Valentín y Santa Engracia. Sobre ésta hay constancia de un pequeño cenobio que el rey Alfonso VI entregó en 1076 al Monasterio de Santo Domingo de Silos. Siglos después se levantó un monasterio y se añadió un cementerio. La zona de las Hoces del Duratón, con numerosas cuevas y escarpados roquedos, tiene una larga tradición eremítica anterior incluso al siglo VI.

El acceso al promontorio sobre el que se encuentra la ermita se realiza a través de un pequeño puente de piedra construido en 1757 que salva un abrupto cortado conocido como La Cuchillada. Según la tradición esta profunda grieta fue abierta milagrosamente por el santo con su bastón para detener a los musulmanes y proteger a los cristianos que pedían su ayuda.

Al pie de su ábside y practicadas en la piedra base hay varias tumbas correspondientes a una pequeña necrópolis del siglo X, tras la reconquista de la comarca por Fernán González, o incluso anterior, que fueron reutilizadas por los monjes del monasterio. en la explanada que hay entre éste y acantilado se encuentra el cementerio junto a una modesta construcción,  en la que, según la tradición, estaban las tumbas del santo y de sus hermanos, hoy vacías.

El conjunto estuvo en uso hasta 1834, año en que los monjes benedictinos que lo habitaban tuvieron que abandonarlo debido a la desamortización de Mendizábal. Este hecho y un incendio ocurrido en el siglo XIX acabaron llevando a la ruina a la mayor parte de los inmuebles que lo componían.

Arriba, vista general del monasterio y su entorno natural. Abajo, dos fotografías del frente principal del conjunto, con la entrada al mismo y los ábsides de la iglesia, realizadas en la actualidad y a finales del siglo XIX.

A pocos kilómetros de Sepúlveda, en las hoces del río Duratón, afluente del Duero, se encuentra la ermita románica de San Frutos, antiguo Priorato de San Frutos, restos de un antiguo monasterio construido en un promontorio sobre uno de los meandros encañonados del río. La zona mejor conservada es su iglesia, muy sobria en decoración, compuesta por una sola nave y de muros de sillares, bien ejecutados. La ermita puede visitarse durante todo el año.

La iglesia se comenzó a construir en el año 1093  y fue consagrada en el año 1100, según reza una inscripción en la nave. Se atribuye a un monje llamado Miguel siendo el abad Fortuno. Es de una sola nave de, aproximadamente, ocho metros de ancho con dobles arquerías ciegas a sus lados que se levantan sobre pequeñas columnas y está cubierta con una bóveda de cañón con arcos fajones y doble arco de acceso al ábside de cabecera ligeramente rebajado.

La iglesia se reformó durante el siglo XII, ampliándose el ábside central, y añadiéndose dos laterales. Se levantó una galería, hoy arruinada. También se abrió una puerta a los pies, de un solo arco adornado con arquivoltas, en un plano que sobresale del muro de fachada enmarcado por una baqueta y protegido por un tejadillo. Sobre ambos hay un ventanal que se hizo a la vez que el templo. La puerta situada en el muro lateral es más pequeña, hoy cegada, y también original.

La decoración es sobria, localizada en capiteles y canecillos, limitándose a motivos geométricos y vegetales, líneas de taqueado y alguna descripción de escenas religiosas, siempre sencilla.

Derecha, planta general del monasterio >

san frutos sepulveda

Izquierda, muro de la iglesia con una puerta cancelada y contrafuertes. Arriba, fotografía de principios del siglo XX de los restos del monasterio.

Espadaña de la iglesia, en el acceso al conjunto.

Fachada lateral de la iglesia.

Detalle de los muros de la iglesia, realizados con piedras sillares y reforzados con contrafuertes que llegan a distintas alturas.

Interior de la iglesia, bóveda de cañón con arcos fajones sobre pilastras, triple arco en la cabecera y una imposta de taqueado. Se observan los tirantes de refuerzo.

La iglesia, vista desde las ruinas del antiguo monasterio.

Detalle de la cornisa y canecillos románicos de la iglesia.

La leyenda de la despeñada se refleja en la cara exterior del muro de la iglesia, en uno de cuyos sillares se puede leer. “Aqvi yaze sepvltada una mvger de sv marido despeñada i no morio i hizo a esta casa limosna de svs bienes”

Arco de paso al acceso a la zona del pequeño monasterio desde el exterior. Todas las cubiertas se encuentra derruidas, quedando sólo parte de los muros exteriores e interiores del recinto

Con el paso del tiempo, parte de la cabecera ha sido modificada. Cuenta con un gran ábside románico, casi del mismo ancho que la nave. A su izquierda hay otro ábside de menor tamaño. El de su lado derecho se ha perdido y hoy hay una espadaña en su lugar. Además de la iglesia y unidos a ésta, hay restos de lo que fue un pequeño monasterio y edificaciones auxiliares construidos en diversas épocas y hoy en ruinas. La bóveda de cañón de la nave de la iglesia está reforzada con arcos fajones que descansan sobre pilastras. En la zona exterior del muro, los contrafuertes se corresponden con la posición de las pilastras. Posiblemente debido a una falta de sección de estos últimos y a la degradación de la bóveda con el paso del tiempo, los muros han debido ser atados mediante tirantes de acero colocados a la altura de la imposta interior y emparejados con los contrafuertes. Tres cables han bastado para atirantar los muros y evitar así que el daño vaya a más. 

Varias parejas de buitres leonados a escasos cuarenta metros de la ermita, sobre las hoces del río. Para ver los buitres a esta distancia hay que ir a primera hora de la mañana, alrededor de las nueve y en silencio; a partir de esa hora, con la llegada de los siempre ruidosos grupos de turistas, los buitres se van.

Las hoces del río Duratón fotografiadas desde el promontorio de la ermita de San Frutos. Las fotografías que se exponen en esta página se realizaron durante el mes de febrero, por lo que el colorido de las mismas dista mucho de ser el que se puede encontrar en primavera u otoño.

El entorno. La ermita se encuentra en el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, paraje protegido que comprende el entorno de las hoces que este río tiene en su curso medio. Estas son el cañón que el Duratón, afluente del río Duero, ha excavado en una zona de roca caliza entre las localidades de Sepúlveda y Burgomillodo, al noroeste de la provincia de Segovia.

Declarado parque natural el 27 de junio de 1989 por las Cortes de Castilla y León, dada la importancia de sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos. La colonia de buitres leonados establecida en el área protegida está considerada como la mayor de Europa, tanto por su número, superior a seiscientas parejas, como por su nivel reproductivo, siendo uno de los principales atractivos del parque. Clasificado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) e integrada en la Red Natura 2000 en 1991, se declaró como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) en 1998. Desde 2004 la gestión del Parque se realiza mediante el Proyecto LIFE de la Unión Europea, en cuyo marco se llevan a cabo diferentes actuaciones de mantenimiento y recuperación así como la búsqueda de un desarrollo sostenible de los recursos del mismo. Una de las finalidades del proyecto LIFE es contribuir al desarrollo de un modelo de gestión para la Red Natura 2000.

Sus aproximadamente 5.000 hectáreas se extienden en terrenos de los municipios de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río, todos de la provincia de Segovia. Junto a la riqueza natural que guarda hay un importante patrimonio cultural que hacen del mismo un destino turístico y de ocio importante. Destacan la citada ermita de San Frutos y los restos del monasterio de Nuestra Señora de la Hoz.

El río discurre durante 27 km encajonado en el cañón que ha excavado en el sustrato calizo. En el último tercio de este recorrido traza meandros con paredes que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos y sirven de lugar de nidificación a muchas especies de aves, especialmente buitres. Se distinguen tres ambientes distintos. La parte alta está ocupada por páramos donde abundan sabinas y enebros, muy afectados por la intervención del hombre. Existen también poblaciones de pinos resineros asentadas sobre sustrato arenoso. El fondo del cañón, a excepción de la zona inundada por el embalse, está ocupado por un bosque de ribera compuesto por sauces, chopos y alisos entre otras especies. Las paredes de los cortados rocosos dan sustento a una vegetación propia de la roca, adaptada a la escasez de suelo y agua.

Para visitar las hoces en época de nidificación es preciso obtener un permiso en la oficina sita en una antigua iglesia hoy denominada la Casa del Campo que hay en Sepúlveda

Hoces del río Duratón.

Las paredes calizas del parque, vistas desde el cauce del río.

Senda del parque, bajo la pared de roca caliza.

Buitres leonados, volando sobre las hoces.

Cauce del río Duratón y su bosque de ribera.

Imagen de invierno de las hoces.

El bosque de árboles, con las paredes de caliza al fondo.

Arriba y abajo, fotografías del arco de un antiguo puente que cruzaba el Duratón en la zona más cercana a Sepúlveda del Parque Natural de las Hoces. Sólo queda de él este arco de piedra realizado con sillares labrados en cinco de sus caras, como suele ser habitual en este tipo de construcciones. La cara superior de los sillares utilizados para su ejecución, que puede observarse aquí perfectamente al haberse perdido la parte correspondiente a la calzada y los petos laterales y el material de relleno utilizado (normalmente, mampuesto y tierra), permanecía sin ser labrada y quedaba en basto. Los sillares empleados en los laterales del arco son más grandes que el resto. A pesar de las pequeñas deformaciones que se pueden apreciar, el arco se encuentra en equilibrio y en buen estado de conservación. 

Redactado el martes, 20 de marzo de 2.012

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