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ARQUITECTURA MILITAR. Ciudadela de Rosas, Gerona

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Tras las guerras, la nueva colonia romana se estableció sobre el espacio ocupado por el antiguo asentamiento griego, comenzando una época de prosperidad comercial para la ciudad de Rosas que duró prácticamente hasta la caída del Imperio. Según descripciones de la época, la ciudad contaba con un templo a la diosa Minerva y, en las montañas de sus alrededores, un templo de Venus. Rosas obtuvo el título de municipio durante la segunda mitad del siglo I d.C.

Los habitantes desarrollaron una significativa industria cerámica, además de la cría de ganadería (vacas, cerdos y ovejas), diversa producción agrícola y salazón de pescado.

Con la caída del Imperio y comienzo de la Edad Media, Rosas fue ocupada por los visigodos, quienes fundaron en el siglo VII un castro o ciudadela sobre uno de los picos de la montaña de Puig Rom, consistente en la fortificación de una colina mediante dos torres cuadrangulares situadas a los lados de la puerta de acceso al conjunto. La muralla se construyó mediante dos muros de piedra entre los que se introdujo un relleno de tierra y piedra. El castro se mantuvo en uso durante poco tiempo, concluyendo su vida alrededor del primer cuarto del siglo VIII.

Rosas fue ocupada brevemente por los árabes y después por los francos, quienes establecieron el condado de Ampurias, principal dominio feudal de la región hasta la abolición del régimen señorial a mediados del siglo XIX. Los condes ampuritanos abandonaron la vieja ciudad de Ampurias por su exposición a los ataques de los normandos, y fundaron una nueva capital fortificada tras los pantanos y las lagunas, Castellón de Ampurias y, en la baja Edad Media, promovieron Rosas como principal puerto de sus dominios.

La fundación del monasterio de Santa María por monjes benedictinos, cuyos restos aún ocupan parte de la ciudadela, se llevó a cabo a finales del siglo X. Dependiente del monasterio de San Pedro de Roda, la comunidad monástica se agrupó en el año 960 en la iglesia de Santa María de Rosas, tras haber sido atacada en varias ocasiones por piratas sarracenos, y se convirtió en una importante abadía al contar con la protección del Conde de Ampurias y del Rosellón, Gausfredo I.

En el año 976 la abadía recibió los derechos de pesca en el cabo Morell, además de derechos sobre naufragios que ocurrieran en esas aguas y diversos bienes, siendo el origen de la ciudad de Rosas aunque el dominio sobre la villa no le fue concedido hasta 1362.

Ciudadela de Rosas. Acceso por la Puerta del Mar.

Plano de la Ciudadela de Rosas. Siglo XVIII.

Rosas, asediada por las tropas francesas en 1693. Grabado de la época.

La Ciudadela de Rosas es una fortaleza provista de baluartes y foso que albergaba antiguamente a la ciudad, antes de que sus habitantes urbanizaran la parte exterior de sus murallas y quedara su interior despoblado. La fortificación actual fue construida a mediados del siglo XVI por orden del Emperador Carlos V para protegerla de los ataques de franceses y corsarios.

Fundada (Rhode) por colonizadores griegos provenientes de Massalia (Marsella) a principios del siglo IV a.C. como establecimiento comercial sobre un territorio habitado por íberos, con el objetivo de apoderarse de los recursos de la región. A finales de ese mismo siglo y durante el siguiente su desarrollo permitió que, en competencia con su vecina Emporiom (Ampurias), acuñase monedas, fundamentalmente dracmas y divisores de plata e incluso algún calco de bronce. Sus monedas características, en las que aparece la leyenda POΔHTΩN, tienen el busto de Aretusa-Artemis en el anverso y una rosa en el reverso.

De esta época quedan restos del barrio helenístico, con talleres de cerámica y metales.

A finales del siglo III a.C. los romanos comenzaron la ocupación de la zona durante las Guerras Púnicas que éstos libraron contra los cartaginenses. Si bien durante los primeros contactos Roma respetó los derechos, leyes y libertades de los indígenas, el apoyo de éstos últimos a los cartaginenses provocó el asedio y posterior saqueo de la ciudad por parte del ejército romano bajo el mando de Marco Poncio Catón a principios del siglo II a.C.

Acceso a la ciudadela. Puerta del Mar. Portada renacentista del siglo XVI.

Detalle del acceso y murallas.

Ruinas de la antigua abadía y de la zona medieval, en el interior de la ciudadela.

Arsenal,  siglo XVII. Adosado a las murallas medievales.

La iglesia del monasterio, que data de 1022, era de planta basilical, tres naves con transepto y tres ábsides. La cubierta era de bóveda de cañón en la nave central mientras que en las naves laterales era de bóveda de un cuarto. En los muros interiores son visibles decoraciones lombardas y una serie de arcos ciegos. Quedan también restos del claustro y de algunos edificios monacales.

La villa de Rosas fue adquiriendo en esta época importancia como centro comercial. Unido este hecho a su evidente importancia estratégica, la convirtió en un objetivo militar a defender de los piratas musulmanes y de los invasores franceses, quienes ya a finales del siglo XIII –en el marco de la cruzada contra la Corona de Aragón- habían ocupado la población y comenzado la invasión del Ampurdán hasta alcanzar Gerona, siendo derrotados en las aguas de la bahía por una flota aragonesa comandada por Roger de Lauria, quien liberó Rosas después de haber sido incendiada por los franceses.

El pueblo fue fortificado en 1402 para protegerse de nuevos ataques piratas por el mar o invasiones francesas por tierra.

La creación del imperio universal de los Habsburgo hizo del puerto de Rosas y del golfo en general un punto vital en las comunicaciones entre los sectores hispánicos e itálicos de este imperio. El emperador Carlos V ordenó, en el año 1552, la construcción de la Ciudadela de Rosas, que fue centro de un sistema defensivo general de todo el golfo (con el castillo de la Trinidad y las torres artilladas de Norfeu, de l'Escala y de Montgó) y que concentró en esta plaza fuerte la intensa actividad militar de la zona.

La decadencia del cenobio de Rosas comenzó en el siglo XV. En 1588, a causa de una epidemia de peste, se abandonaron las residencias de los monjes, que fueron saqueadas. En 1592, por orden papal, quedó unido como priorato al monasterio de Santa María de Amer. En 1792 fue abandonado por los religiosos que aún residían en él y en 1793 las tropas napoleónicas destruyeron el edificio.

Ruinas de la abadía y de la iglesia de Santa María.

Ábsides de la cabecera de la iglesia. El principal, reconstruido en el siglo XX.

Iglesia. Nave lateral izquierda.

Iglesia. Bóveda y muro del transepto.

Iglesia. Detalle del ábside central, reconstruido en el siglo XX.

Iglesia. Detalle del ábside central, reconstruido en el siglo XX.

Iglesia. Ábside de la nave lateral izquierda.

Iglesia. Detalle de la nave lateral izquierda.

Por su parte, la ciudadela, en cuyo interior se albergaba la totalidad del área urbana (constituyendo en realidad una plaza fuerte) fue parcialmente destruida durante la Guerra de los Segadores y el posterior periodo de ocupación francesa (1640-1659), abandonado sus habitantes la misma y trasladando el núcleo urbano al norte de sus murallas, mientras que el uso militar de la ciudadela se mantuvo hasta la invasión napoleónica, a cuya finalización el ejército francés dejó la fortaleza inutilizable.

Durante el siglo XIX y primera mitad del XX, el recinto permaneció prácticamente abandonado y a merced de los saqueadores. El Estado Español declaro como protegido el conjunto en 1949, estudiándose los yacimientos griegos y romanos y, posteriormente, el medieval, en sucesivas campañas arqueológicas.

El recinto amurallado y los restos arqueológicos que contiene fueron abiertos al público en 1991 y se han convertido, desde 2004, en el Museo de la Ciudadela de Rosas, que muestra una gran variedad de objetos de la vida en la antigüedad y la edad media. Además del museo, es posible visitar las ruinas de las edificaciones realizadas en la Ciudadela durante las diferentes épocas de su historia. Por desgracia, este conjunto monumental ha sido objeto de una verdadera reconstrucción, que ha destruido parte de sus restos, especialmente la zona del baluarte de Santiago y la muralla de Levante, realizada con escaso criterio histórico y arquitectónico

Zona medieval. Restos defensivos.

Edificios de la zona medieval.

Tronera cercana al Portal de Tierra (zona posterior de la ciudadela)

Arco rebajado de mampuesto en espacio abovedado.

Restos de los cuarteles de infantería, construidos en el siglo XVI.

La villa y muralla medieval, vistas desde los cuarteles de infantería.

Restos de los cuarteles de infantería.

Ruinas romanas sobre griegas en el interior de la ciudadela.

Redactado el viernes, 31 de agosto de 2.012

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